Puentes de los Concejos de Cangas de Onis y Amieva
Ruta OR2 (Google Maps)
Comenzamos esta ruta sobre la N-625, Arriondas – Riaño (León), concretamente donde el Río Dobra desemboca en el Sella, entre Santianes de Tornín y Miyares, 6 km después de dejar Cangas de Onís, en dirección al Puerto de El Pontón.
Poco antes de llegar a un restaurante, a la izquierda hay un pequeño aparcamiento, un bien muy preciado en esta zona, especialmente en primavera y verano.
La propuesta para realizar esta ruta incluye, por constar solo de dos puentes, una ruta a pie a la Olla de San Vicente, en el Río Dobra, en la cual podemos visitar nuestro primer puente, el Puente Dobra, y, a la vuelta, poder coger nuestro coche e ir hasta el siguiente puente, el de Los Grazos, 4 km más arriba en dirección al Puerto del Pontón, pasando La Vega de Pervís y poder comer, si no lo hemos hecho en la Olla, en un área recreativa que se encuentra en el margen izquierdo de la carretera AS-261, Puente Los Grazos – Sellaño – Beleño, 1,5 km más arriba del puente.
Iniciemos, pues, nuestra ruta para conocer estos dos hermosos puentes con una caminata de una hora, a ritmo de disfrute hacia la Olla de San Vicente. A unos 350 metros del inicio, llegamos al Puente Dobra (43.30612, -5.1284), de un solo arco y con una luz imponente.




Puentedobra, Cangas de Onís
Se encuentra en muy buen estado de conservación y podemos recorrerlo por su calzada empedrada y, en el punto medio, disfrutar de bonitas vistas del Dobra a un lado y otro. Si queremos verlo desde otra perspectiva, no es difícil bajar a la orilla del río y poder contemplarlo aguas arriba del pilar del lado de nuestra ruta.
Una vez que nos hayamos detenido un tiempo en disfrutar de esta joya de nuestro patrimonio, seguimos nuestra ruta, que transcurre tranquilamente al lado de prados, donde podemos ver algunas cabañas de piedra y algo de ganado, y paralelo al río que desciende a nuestra derecha.
En la segunda parte del sendero, el camino se hace más estrecho y parte de él transcurre por roca. Sabemos que estamos a pocos metros de terminar nuestra ruta cuando encontramos que el camino se vuelve a hacer más ancho y se adentra en una pequeña pradera con árboles a los lados. Justo al final, esos árboles son más abundantes y ya podemos ver la Olla de San Vicente.
Por la parte de nuestra ruta llegamos a un pedrero, si el curso del río no es muy alto, dependiendo de la época del año. Si continuamos rodeando el pedrero y dejándolo a nuestra derecha, llegamos a un prado sobre la poza de la Olla. En algunos puntos de la misma, y debido a lo transparente y limpia que está el agua, nos permite contemplar el fondo a varios metros de profundidad. El agua nos atrae como un imán para darnos un baño, pero debo advertir que el agua, incluso en época estival, está especialmente fría. Pero ánimo, que todo es cuestión de habituarse y disfrutar.
Después de pasar en este precioso entorno el tiempo que hayamos decidido disfrutar, unos momentos, bañarnos o incluso habiendo comido algo, volvemos sobre la ruta hacia el inicio de la misma y, a buen seguro, habiendo grabado en nuestra retina imágenes que jamás olvidaremos.
Una vez de vuelta a nuestro vehículo, nos disponemos a recorrer los escasos 4 km, puerto arriba hacia el Puente de Los Grazos (43.27793, -5.13645), sobre el Río Sella, pasada La Vega de Pervís. Unos 100 metros antes de llegar al puente, en el margen derecho de la carretera, hay sitio para aparcar. Caminando con cuidado, ya que la carretera carece de arcén, en un par de minutos llegamos al mismo.







Puente de los Grazos, Amieva
Consta de un solo arco y sus dimensiones y limpieza de su arco, especialmente por la parte aguas abajo, impresionan bastante. El empedrado de su calzada se encuentra en buen estado y lo podemos recorrer para contemplar los variados ángulos que nos ofrece. No es difícil bajar al río, por un pequeño sendero empinado, lado aguas abajo; aunque, si queremos pisar el pedrero, debemos hacerlo descalzos o con calzado de agua, ya que hay una pequeña poza que nos impide hacerlo con calzado normal. Lo dejo a vuestra elección, pero si decidís hacerlo, tendréis un ángulo inmejorable para poder apreciar en todo su esplendor la belleza de esta joya medieval.
Ahora, después de haber disfrutado de este impresionante monumento, tenemos dos opciones para ir hacia el Área Recreativa de Trambasagües. Una de ellas, si queremos ir a pie, es cruzar el puente y seguir una ruta durante 20 minutos, que nos llevará hasta allí, compartiendo los últimos cientos de metros con la carretera; y la otra es coger nuestro coche, siguiendo sobre la N-625, hasta que encontramos un desvío a la derecha por la AS-261 a Sellaño y San Juan de Beleño. En este caso, en poco más de dos minutos, llegamos a un aparcamiento a nuestra derecha y el área recreativa se encuentra enfrente. Para acceder a ella, debemos cruzar un pequeño puente.
Muy cerca de aquí, al lado de la ruta a pie y antes de llegar al área recreativa, está el Centro de Interpretación del Karst y Hábitat Rupestre, que debe su nombre a Justo del Castillo (1841-1912), santanderino y casado en Gijón, Ingeniero y Catedrático de Mecánica Industrial.
Recorría la geografía asturiana por razones de su cargo e investigó por primera vez la Cueva de Collubil, en Camporriondi, Cangas de Onís, en 1881, documentando varios hallazgos, entre los que destacan 212 piezas líticas y 145 óseas que fueron enviadas a los Museos Arqueológicos de Madrid y Oviedo.
Desde aquí volveremos a nuestro punto de origen, después de haber disfrutado de una jornada en la naturaleza y habiendo conocido dos de las joyas de la arquitectura medieval del Oriente asturiano.
